30 de julio de 2010
El gobierno colombiano hace años que va en contravía de la realidad política de una América Latina que lucha por la unidad frente a las agresiones e imposiciones imperialistas  sobre sus recursos naturales, de dominio militar, del intercambio comercial e imposiciones financieras. Latinoamérica y el Caribe está sacudida por la aparición de una corriente de izquierda, democrática y progresista que no se reduce a los gobernantes alternativos.
Venezuela y Colombia comparten una frontera de casi 2.400 kilómetros y esa vecindad puede llevarse en interés del intercambio en pié de igualdad, compartiendo culturas, tomando medidas económicas favorables, disfrutando de recursos naturales y demás potencialidades comunes o, como hace Uribe y la derecha pro fascista de Colombia y E.U.A, acosando a los  vecinos con exigencias inadmisibles.
Las pruebas sobre campamentos guerrilleros en territorio venezolano invocadas por Uribe –que no por Colombia- han resultado un descalabro, un bullicio mediático que queda en archivos de los servicios de inteligencia de los E.U.A, del DAS y brigadas militares, sin embargo los pueblos de los dos países añoran la convivencia en paz, una frontera siempre abierta, rechazan la bases militares imperialistas en Colombia y esperan inversión estatal para el desarrollo económico y no las medidas superficiales de "emergencias sociales" tan inútiles como el criminal militarismo de Uribe y los yanquis.
El gobierno ha enviado paramilitares y fortalecido el DAS en La Guajira para espiar al Estado de Zulia que es objetivo militar del Pentágono porque comprende la cuenca petrolífera del Lago de Maracaibo, la más importante de Venezuela, y el primer centro refinador y en  instalaciones petroleras que atraen la codicia de financistas de Walt Street en Nueva York y mueven los hilos políticos en la Casa Blanca.
Después de invitarle como mediador, Uribe maltrató al gobierno de Chávez que se esforzó para liberar prisioneros en manos de las FARC mediante un canje humanitario. Luego la siniestra agresión a la soberanía ecuatoriana para asesinar al compañero y comandante fariano, Raúl Reyes, movió la solidaridad de Chávez y la utilización ilegal de supuestos computadores de Reyes generaron calumnias contra los bolivarianos hasta producir su cólera.
Rápidamente vino la gravísima situación de las bases militares yanquis gestionadas diligentemente entre Uribe y Obama, en otro pacto de sumisión que deja a los gringos en pie de guerra contra Venezuela, el Amazonas y los pueblos del mundo.
Ahora, las falsas denuncias en la ONU acabaron la frágil imagen del saliente y debilitado Uribe que manejó las relaciones internacionales con la pugnacidad imperialista de Bush y Obama contra el proyecto de soberanía divulgado desde la República Bolivariana de Venezuela.
La reacción del gobierno de Caracas al declarar rotas las relaciones es justa, lo confirma la abusiva petición del embajador de Uribe en la OEA: "que se constituya una comisión de verificación internacional, que constate la presencia de las FARC en Venezuela, antes de 30 días". Uribe sabía que no la aceptaría bajo ninguna circunstancia. No lo haría Chávez, no lo hace ningún presidente serio. Mientras que Uribe se comprometió con UNASUR, pero no mostró ni una fotocopia del tratado militar con E.U.A. Por tanto, la ruptura de relaciones entra a caracterizar lo que Uribe ha sembrado azuzado por La Casa Blanca y el Pentágono.
No estamos ante una reacción desproporcionada de Chávez o ante un asunto personal entre Chávez y Uribe. ¡NO! Estamos ante la acción consciente de un gobierno y nación agredidos por el provocador del vecindario estimulado desde el Pentágono.
Los previsibles acercamientos con Caracas del electo presidente colombiano Juan Manuel Santos a través de la canciller designada, María Ángela Holguín, son derivados de su "acuerdo nacional" con burgueses afectados por el mal comercio, son otro estilo de llevar las relaciones internacionales que ahora potencia el desaguisado de Uribe, es otro estilo para buscar la admisión de las bases gringas que hoy son un gran factor de perturbación de la convivencia en la región.
Es criminal insinuar una confrontación militar con un país vecino o agudizar la problemática de colombianos y venezolanos que no tienen fronteras porque las habitan. También es repudiable declarar desde el gobierno que “Es más importante la dignidad que el comercio. Al final del día, habremos ganado”.
Entonces, sostienen en la prensa, el país cierra filas en torno al presidente saliente y las encuestas mentirosas que disfrazaron las elecciones recientes también lo dejan con una favorabilidad insuperable. Pero esto no es así. Ni el pueblo cierra filas en torno a Uribe ni rodea a Santos que representa a los grandes empresarios, unos cuantos políticos aprovechados, ricos "bien y mal habidos" y, claro, también cuenta con gentes del pueblo confundidas que no pasan de ser un apoyo minoritario.
Pero la verdad se desarrolla por fuera de los micrófonos y cámaras direccionadas para ocultarla. La conmemoración del Bicentenario con muchos miles de personas en recintos, plazas y calles de nuevo mostró que nuestros pueblos deben combinar todas las formas de lucha para ganar la guerra contra la dependencia del imperialismo, así el despliegue militar del 20 de julio los muestre como invencibles.
La UNASUR, reunida en Quito ayer jueves 29 de julio –para desgracia de Uribe-, decidió que la cumbre de presidentes actúe en el conflicto colombo-venezolano, pero ocurrirá luego del 7 de agosto, cuando no esté Uribe y posesionado el continuista gobierno de Santos ensaye su estilo en ese organismo. Entre tanto, el pueblo de la República Bolivariana de Venezuela fortalece su causa y se hermana con el pueblo colombiano luchando por la liberación social y nacional, por el poder popular y el socialismo.


¡Viva la fraternidad y la solidaridad entre los pueblos!
¡Abajo el imperialismo!
¡Viva el pueblo venezolano! ¡Viva el pueblo colombiano!
¡Combatiendo Unidos Venceremos!

Partido Comunista de Colombia (marxista-leninista)